Café Rojo

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Decidimos emprender la búsqueda de un Café Casual la tarde de un Domingo. Estábamos cerca de la Avenida Central en San José, por lo que elegimos la opción de Café Rojo, bastante cerca y de fácil acceso caminando. Cerca del Parque Morazán localizamos la Alianza Francesa, y aunque creíamos estar completamente perdidos en un lugar no tan atractivo de San José por fin encontramos el portón de Café Rojo, que definitivamente nos trasladó a una especie de lugar invadido por un pensamiento soñador, ese mismo que busca querer cambiar el mundo.

Entre el portón y la pared que protegía el interior de esa casa de quizás más de medio siglo, encontramos las primeras mesas, un lugar ideal para reunirse con amigos y comentar los últimos proyectos, las últimas ideas, algunos acontecimientos de la vida e incluso para recordar memorias.

En el interior del local había un pasillo que conducía a lo que posiblemente fueron habitaciones; tuve la impresión de que durante algún tiempo, en ese lugar había funcionado una de esas pensiones de las que ya casi no se escucha. Algunas de las habitaciones estaban cerradas al público, únicamente dejando dos estancias. Al lado izquierdo, una biblioteca con historias de todo tipo, incluso una gran variedad de autores nacionales que no había logrado encontrar en otras bibliotecas “más famosas”. Al lado derecho, una habitación de unas cuatro mesas, que se fusionaba con una cocina alegremente decorada, creando un ambiente acogedor.

Debo admitir que en la estancia donde decidimos tomar café, tuve un sentimiento como de esperanza, y a lo mejor lo que me causó esa impresión fueron las frases que estaban creativamente colocadas en las paredes, las plantas sembradas en pequeñas macetas cerca de los libros y aquellas otras que crecían del lado de afuera, por la ventana, se veía que interactuaban con las mesas exteriores. Creo que sí, sin lugar a duda fueron las plantas. Dicen por ahí, que plantar un jardín es creer en el mañana.

Nos antojamos de las pupusas con salsa de tomate natural que el resto de los comensales ordenaban, pero al final nos decidimos ordenar algo más pequeño: no teníamos tanta hambre. Steph pidió su Capuccino Frío, acompañado de un muffin de chocolate vegano, (el muffin vegano era completamente adecuado para el lugar, volví a ver ese ideal de querer un mundo mejor). El muffin estaba extremadamente delicioso. Yo acompañé mi típico café con leche, con un pan de banano, un biscotto de almendra y una trufa de ron con chocolate. La trufa exquisita, el biscotto con muy buen sabor, sin duda fue el pan de banano lo que me conquistó. Un punto a favor fue la azúcar moreno, dicen que es más saludable.
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El servicio de la cocina, y de la muchacha que nos atendió y se encargaba de la caja, fue agradable. La simpatía de ambas hizo nuestra estancia más placentera.

En este tipo de lugares siempre te salen con algún ingrediente extraño o más bien muy clásico pero con alguna reinvención. Esta vez no fue la excepción y nos ofrecieron una botella con un endulzante bastante misterioso, que al principio nos intimidó y luego se nos olvidó, así que si alguien lo ha logrado probar, esperamos que nos cuente.

Mientras conversábamos de la organización de la última Convención de Tattoos y del Zombie Boy que estaba en el país, nos comunicaron la gran noticia que al día anterior realizaron la presentación de la revista literaria Buensalvaje y por dicha logramos conseguir un ejemplar.

Definitivamente es un lugar para tomarse un Café Casual, hablar de cómo arreglar el mundo o comentar un “chismesillo” entre amigos. Si me preguntan, creo que es el lugar ideal para tomarse un café y leerse un libro, escaparse de la ciudad en la misma ciudad y adentrarse a un mundo donde las ideas están sueltas.
Facebook: Café Rojo
Contacto: 2221-2425
Ubicación: De la Alianza Francesa, 120 mts. oeste, contiguo al bar La Marinita, San José, Costa Rica
Horario: Lunes a Domingo de 12:00pm a 7:00PM.

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Un comentario en “Café Rojo

  1. Mi experiencia y la de dos amigos más no fue la misma. Fuimos a conocer el lugar (básicamente lo que sale en la primera foto y otras dos habitaciones con artículos a la venta). Eran las 11:30, por lo que nos dijeron que empezaban a servir almuerzo a las 12md. Decidimos esperar, pero durante 30 min no llegaron a ofrecernos ni un vaso con agua. Solicitamos algo de tomar (no había lo que ofrecía el menú) y algo de comer (ya eran las 12), pero resultó que aún no estaban listos para cocinar ni servir. Nos fuimos a las 12:30, tras una hora de espera, con sólo un vaso con agua en el estómago y muchas ganas de encontrar otro sitio donde comer.

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